Su origen se remonta al siglo X, cuando el rey Sancho Abarca decide su construcción con el propósito de defender el reino de Navarra de posibles avances de los moros o castellanos.
El nombre del pueblo evolucionó con el paso del tiempo, pasando de llamarse “La Guardia de Navarra” a simplemente Laguardia.
En los comienzos del siglo XII, Sancho VI le otorga el rango de villa y a sus ciudadanos les concede una serie de privilegios: libertad de mercado, exención de impuestos y “Prohibición de Juicios de Dios”.
Laguardia prospera con la importancia comercial que adquiere; los oficios se desarrollan, los campos se cultivan y la población de la villa y sus alrededores comienza a crecer. Es por ello que a fines del siglo XII, Sancho VII “el Fuerte” ve conveniente cercar la ciudad con gruesas murallas y elevar torreones con almenas.


