La entrada era gratuita para los que entraban por el portón que conducía al ruedo, pero eso sí, había que esquivar a las inquietas vaquillas que soltaban. "¿Qué tan grandes son?", le pregunté a tres niños. "Pequeñas. Además, los cuernos están limados", me dijo uno de ellos.
De pronto, sonó la trompeta, y apareció la vaquilla. Miraba nerviosa de un lado a otro, con los cuernos erguidos, sacando su lengua rojiza, mostrando orgullosa ese lomo que era capaz de matar de un infarto a cualquiera. Corrí lo más rápido y salté el cerco de madera. Caí como un costal al otro lado. Sólo me queda el recuerdo de aquellos tres niños riéndose en mi cara. No les dije nada pero una vez pasado el susto me reí yo también.
Si quieres saber que más hacer en Tolosa, pincha ¡aquí!


