En el Castillo Interior, una de sus textos literarios más importantes, dejo entrever de la importancia de la ciudad amurallada en su vida.
Los Cuatro Postes
Además de tener una excelente vista de la muralla de Ávila, este humilladero construido en 1566 por Francisco de Arellano, es el lugar ideal para comenzar la ruta Teresiana. Primero porque es el único punto ubicado afuera de la ciudad amurallada, al otro lado del río Adaja; y segundo, porque guarda un recuerdo de la infancia de la santa: sólo hasta este lugar pudieron llegar Teresa y su hermano Rodrigo, quienes habiendo huído de casa querían llegar a tierra de moros para someterse a ellos, ser martirizados y de esta forma ganar el cielo.
La Encarnación
Cuando Teresa de Ávila ingresó a la Encarnación, en 1535, pudo observar que muchos nobles, ante la imposibilidad de casar a sus hijas, las hacían monjas de este convento para que pudiesen mantener la vida lujosa a la que estaban acostumbradas.
Fue aquí, pues, donde Teresa levantó las primeras críticas a la laxa regla conventual, que nada tenía que ver con el ideal de disciplina, servicio y oración que ella tenía.
Fue durante estos años que Teresa comenzaría a fraguar la reforma de la orden carmelitana.
Alrededor de treinta años estuvo aquí, para luego dejarlo y fundar el convento de San José.
Museo y Convento de Santa Teresa
Esta es una visita obligada dentro de la ruta Teresiana.
La iglesia y el convento de los padres carmelitas fueron construidos, entre 1629 y 1636, sobre el mismo lugar donde la santa nació.
El museo, paso previo antes de ingresar al convento, es una cripta de 1,500 metros cuadrados donde a través de un recorrido místico se muestran las etapas de la vida de la santa. Leer más
Plaza de Santa Teresa
Como no podía ser de otra manera, la ciudad debía rendir tributo a su patrona poniendo una imágen suya en el centro de la plaza del Alcazar, que cambio de nombre a plaza de Santa Teresa precisamente con motivo de la coronación de esta escultura de la santa, obra de corte neoclásico de Carlos Palao.
Convento de San José
Tal vez, el más teresiano de todos los lugares de la ruta. Fue este el primer convento que fundó santa Teresa y en el que instituyó la reforma carmelitana, después de haber pasado alrededor de treinta años en la Encarnación.
La vida cotidiana de la actual orden de las carmelitas transcurre con la misma austeridad y diligencia de aquella que comenzó Teresa de Ávila junto a cuatro novicias; como en aquellos años hoy la celda desnuda se integra a una ermita particular en un rincón del huerto.
Cabe mencionar lo crucial que fue la visita de Juan Bautista Ruebo, general de los carmelitas, al convento de San José en 1567. Fue él quien dio el permiso a Teresa de comenzar su labor de fundar monasterios con la reforma a la que muchos se oponían.
Bibliografía
Ciudades con Encanto. Santillana Ediciones Generales. 2004.
